Pregó 1980


1980 JOSÉ NAVARRO MONTANER “BARRANQUÍ” 

Ilustrísimo Sr. Alcalde de la Villa de Altea, Corporación Muncipal, Associació Sant Blai, Festeros, Amigos todos.

Con gran complacencia recogí el encargo de la Associació Sant Blai para inicial en este primer año un acto de los que se pretende sea clásico, como es la presentación de los trajes, los mismos que desfilarán en los brillantes y suntuosos desfiles festeros, amparados por las estelas devotas del Santísimo Cristo y del Patrón de la Villa de Altea, Sant Blai Gloriós.

Por otra parte, el ofrecer un pregón en el que ir recogiendo investigaciones, en las que hoy por hoy estamos tan huérfanos de noticias históricas del pasado de nuestra Villa e ir acoplándolas para incrustarlas dentro del organigrama festero.
Siga este preámbulo para dividir el pregón en dos vertientes: la primera, festera por excelencia y la segunda, con los atributos históricos que queremos aportar para la mejor comprensión del porqué de unas costumbres y unas tradiciones, a las que cada día se le suma más gente.
Junto a las fallas y les fogueres, las fiestas de Moros y Cristianos son las más populares del Reino valenciano; cómo explicar sino que de un poco más de un centenar que hay registradas en la Unión Nacional de Entidades Festeras, aproximadamente un noventa por ciento lo sean de tierras valencianas, tierras hermanas de Alicante, Valencia y Castellón. Sin embargo, hay que especificar el por qué de las luchas, de las batallas, que han dado a la rememoración de tan fastuosos desfiles. Aquí viene a cuento el decreto que aparece al dorso de la entrada para los actos de esta noche, y que recordando dice así: “Donación a Berenguer de Moncada de unos alfondicos próximos al mar; de un horno, obradores y casas en Barcelona con los mismos derechos y franquicias que los tuvo Don Nuno Vázquez, en compensación a las alquerías del Castillo de Altea, las cuales se entegaban a Al Azrach en virtud de la paz firmada por él”.

Este decreto, fechado en Barcelona un 30 de julio del año 1258, da noticia de la existencia de Altea como pueblo, al arrebatarla Jaime I a los moros. Así, de esta forma, el cristianismo se introduce en el Reino de Valencia, dando fin a la dominación árabe. Conviene destacar el nombre del caudillo Al Azrach, porque fue el moro que tuvo en jaque al Conquistador, nuestro Rey Don Jaime I. Tanto es así que tras los diversos pactos, en los que el caudillo árabe se conformaba con la zona de La Marina como dominio suyo, continuamente irrumpía en ataques a los Valles de Seta y Travadell, zona morisca antes de la expulsión, y a su regreso a la Ciudad de Valencia, tras combatir una de las rebeliones, ocurrió el fallecimiento de Jaime I. Al Azrach era podado el “blavet” por tener los ojos azules, y quién puede negar que, quizá la tradición de llamarnos “blavets” a los habitantes de La Marina no arranca de ahí, puesto que el incio de las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy ocurre al derrotar San Jorge, a las puertas de la muralla de la Ciudad, a Al Azrach en una de las cuatro apariciones del Santo en lo que fue Corona de Aragón.
Así es como en cada localidad la fiesta se celebra bajo la advocación del Patrón de cada lugar, como celebración de las derrotas infringidas por el cristianismo en su lucha por expulsarlos de España, y que culminó con la conquista del reino nazarí, llamo también Reino de Granada, y la definitiva

expulsión de los moriscos valencianos y granadinos, últimos reductos musulmanes en la Península. De esta forma se da por finalizada la historia mayor del poder árabe en nuestra tierra, tras siete siglos de dominación y que llevó a su civilización a ser una de las más adelantadas de la época, tanto en los campos de la medicina o astronomía como de la agricultura o la poesía, y del mismo comercio.

El 22 de septiembre de 1609, y en la Ciudad de Valencia, se pregonaba el bando de expulsión de los moriscos en el Reino de Valencia por real orden de Felipe III. La mayoría de ellos se embarcación en los puertos de Valencia, Denia y Jávea, de la que algunos investigadores dan la cifra de trescientos mil. Solo seis de cada cien fueron permitidos a que se quedasen, exceptuando los cristianos nuevos, eso es, los moriscos bautizados, y ello para que los campos y los regadíos y cosechas pudieran salvarse por falta de obra y abandono. En algunos lugares se cuenta con las cartas de repoblación, pero hasta hoy no nos ha sido posible localizar la de nuestra Villa, suponiendo que la tuviera.

De esta forma podemos pasar a ir concretando punto por punto de nuestra historia local y observar los fondos desperdigados en los que nuestro pueblo tiene relación. De los propios documentos de Jaime I, “El Conquistador”, podemos observar como aparecen nombres en la toponimia local que no pueden ocultar el origen musulmán. Así tenemos como el Castillo de Altea pasa a la familia de Al Azrach por donación de éste en 1261.

En 1270 vemos como se nombra a la alquería de Albalat, en término de Altea, como donación a Jaime Gruny.

En 1271 se reclama al señor de la Villa de Altea para que sirva al Rey, acudiendo Humberto de Medina, confirmándose ésta orden en drecreto posterior. Copiamos literalmente la orden del 2 de febrero de 1271, en la que dice: “Débito a Pedro Diego, portero real, de la cantidad que en nombre del Rey entregó a Margarita, hija de Andrés de Pugvert, como dote a su matrimonio con dicho Diego. El débito se consigna sobre los créditos de Altea y sus alquerías”. Esta orden databa en Xátiva. Las alquerías corresponden en nombre actual a casas de campo o pequeñas viviendas agrupadas en campos de cultivo o fincas privadas.

Algunas de las alquerías de aquella época, además de la de Albalat, y se citan en documentos de la misma época, recibían el nombre de Benimussa, Alarch, Beniascher, etc.
Anteriormente Altea había pertenecido a la jurisdicción de los reinos de Taifas, alternando con el tiempo bajo el poder tanto de Murcia como de Orihuela o Dénia.

De esta época recogemos la noticia de Rivera, que en su obra “La provincia de Denia”, relata y da notiias de un docto hijo de la Villa de Altea, llamado Abu Zeid Abderrahman Ben Amir Elmaafer Elaltayi, al cual lo califica de eminente literato, destacando especialmente en sus versos.

Más explícita es la edición de Ferdinando Wustenfeld, que hace de la geografía “Woterbuch de Jacub ́s”, y en la que nos dice que El Altayi estudió con el maestro dianense Abu Abdalá los temas gramaticales. En el tema religioso acudió a Abulcaciom Jalaf Tatum, de Orihuela. Dejó escuela, y entre sus seguidores destacan un hijo de su hermano Abu Abdalá Aben Amir Almoaferi, de Altea. De la época floreciente musulmana poco podemos añadir más de la Villa de Altea, si bien esperar la traducción de algunas obras, que en la actualidad, se están estudiando, quedando un importante número de documentos y archivos todavía por catalogar y, por supuesto, por estudiar.

Así vamos llegando a los siglos quince y dieciséis, que en la etapa anterior a la expulsión de los moriscos de configura una época importante para nuestra Villa.

Con el enlace de Isabel y Fernando se acentúan las diferencias entre los musulmanes y los cristianos, dándose el caso, como por ejemplo, que durante las Germanías, revuelta valenciana, los campesinos obligaban, por la fuerza, a bautizarse a los moros, si bien siempre se ha sido consciente que en sus manos estaba buena parte del comercio y del poder político, de forma que hasta la propia iglesia toleraba veladamente el que algunos importantes cabecillas en sus propias casas dieran rienda suelta a su particular culto.

La sierra de Espadán fue uno de los reductos más importantes de los moriscos. Así como los valles de Gallinera, Seta y Travadell. Estos moriscos, fuertemente instalados en castillos y torres, en lugares poco menos que inaccesibles, pero de gran valor estratégico y de vigilancia, eran los que acudían a Altea para embarcar rumbo a Berberia cuando los piratas y corsarios se atrevían a desembarcar, bien para lograr víveres, bien para secuestrar a las personas con suficiente crédito como para solicitar después un sustancioso rescate. Siempre se ha conocido que desde Cocentaina y por medio de torres, atalayas, castillos y almenas se transmitía la noticia, tanto para avisar de la llegada de embarcaciones como para solicitar el envío de tropas de refuerzo. Las torres, de las que hoy no quedan más que ruinas, no tenían otra alternativa más que la vigilancia de amplia zona marítima para que, con el tiempo suficiente, poder avisar a la gente y estos pedir refuerzos, aprovechar la ocasión de volver a África o bien poder encerrarse dentro de los recintos amurallados, como sucedía en Calpe, Altea o Villajoyosa principalmente.

Tenemos como muestra la torre del Mascarat, de la que queda todavía una pared en alto, fácilmente localizable en lo alto del barranco, con vistas a las bahías de Calpe y Altea; la torre de la Galera, hoy adosada a un chalet; la de Bellaguarda, en ruinas, no es segura, aunque reeemos que sí existía la del Cap-Negret, y, finalmente, la de El Albir, que junto al faro hoy podemos observar todavía la base.

Según su importancia, había más o menos tropa, y alguna tenía oficial y tropa a caballo.
Esta y no otra fue la idea de construir un fuerte en lo alto de la Sierra de Bernia como motivo para divisar todo el valle del Algar e impedir el paso de los moriscos hacia el mar o evitar sus incursiones a la montaña. Sin embargo, hay que aclarar que anteriormente a la construcción del mencionado “Fort” sí había una torre árabe cerca del mismo lugar, de la cual hoy no se tienen noticias. La leyenda de la destrucción del fuerte por la búsqueda de los tesoros moros es pues, rudimentaria al conocer que, de manera oficial, se ordenó el desmantelamiento del conjunto amurallado.

Cabe la posibilidad de que el moviendo de tierras, piedras y bóvedas, se deba a la búsqueda de objetos arqueológicos y excavaciones que con toda seguridad se han efectuado.

Entre los asiduos a la costa, siempre en situación de peligro, debemos añadir a los piratas, los corsarios, los genoveses y los musulmanes, sin descalificar a los turcos, verdadero azote de esta parte de La Marina.

Los corsarios, la mayoría de las veces, eran contratados por los propios gobernantes para la custodia de sus propias naves, lo que no evitaba que con inusitada frecuencia se convirtieran en los saqueadores. Los genoveses interceptaban las naves, principalmente de comerciantes, consiguiendo el botín y revendiéndolo en puertos alejados del lugar del abordaje.

En cuanto a noticias concretas y exactas, por estas fechas podemos citas las siguientes: En 1554, tras atacar Benicarló, hay una intentona contra Altea. Sobre 1581 y 1584 con tregua entre los gobiernos turcos y españoles, se desató un feroz contraataque, hasta el punto que reverdecieron laureles de Barbarroja y Dragut, afamados piratas de esas costas, asaltando no solo Altea, sino Callosa, Moraira, Calpe, Villajoyosa, Chilches, Cabo Martín y Benisa. A pesar de la continuas fortificaciones, el 22 de mayo de 1583 el capitán Francisco de Maldonado y la guarnición de Bernia rechazaron cuatro galeotas argelinas con ayuda de cristianos viejos de Villajoyosa, repitiéndose en agosto la intentona.

En 1584 no cedió la tensión y Altea es atacada en febrero, seguido de un infructuoso golpe de mano a Polop. Un año más tarde, el 2 de agosto, anotamos un nuevo desembarco infructuoso en la Villa. Debido al continuo saqueo y a la fuerza incapaz de resolver los ataques, se suben los impuestos, destinándose a la reconstrucción de torres y fortalezas en la costa, más el aumento de sueldo a soldados, con esta orden real: “Repartidoras per sou y per lliura entre aquelles, en parte de paga de los que mostraron hauer después y pagat en la guarnició o presidi de la força de Altea”. Por otra parte, se añadía:

“Los refuerzos que se mandaran al presidio de Altea u otras plazas se pagarian del nuevo impuesto, sin rebasar nunca el sueldo de los soldados ordinarios, sin exceder el plazo de un mes y por orden de los electos con asistencia del Virrey”. Mención a parte merece el destacar los esfuerzos de la ciudad de Villajoyosa, cuando vecinos de allí capturaron una galeota de dieciocho bancos, de Leliz Rais, en las peñas de Albir. ¿Quizás Altea estaba deshabitada en aquel tiempo debido a que los moriscos se refugiaban para embarcar? Lo cierto es que en 1549 y en el mismo paraje lograron los vileros una nueva captura de una galeota de catorce bancos de Amar Rais y poco tiempo después, la fragata de nueve bancos de Arpet Rais.

Así y para terminar esta breve alocución, queremos señalar algunas de las actuales costumbres que han quedado de la época del dominio musulmán y podemos iniciar el recorrido por los molinos del Algar, hoy uno en ruinas y llamado “El molí dels moros”; las palmeras a las puertas de las alquerías, coras, alhamas o aljamas, casas de campo de hoy, bien de cultivo o bien de veraneo. El “forn” a la puerta de cada casa, con la peculiar forma de hacer las cocas y sus ingredientes, la forma de pedir agua –má- de los niños, el adoquín, piedra cuadrilonga de sillería, y las palabras alguacil, aforrar por ahorro, que también se traduce por dar libertad al esclavo; ajuar, que en valenciano antiguo es aixogar; albalá, al correspondiente albarán valenciano; albarda, el mismo albornoz; alcanfor, la alcánfora valenciana; algar, traducido por caverna o cueva entre aguas; algares, cortaduras de monte; altea, en lo alto, en las rocas; algarroba y tantas más como albercoc, arrós, cotó, espinacs, llima, sucre, toronja, carxofa, alfábega, alfals, xerevia, dacsa o el mismo clavari que corresponde al administrador de la aljama, o el sou, sueldo, moneda del sistema valenciano equivalente a doce Diners.

Y qué decir de las tejas morunas o árabes, que tan impresionante realce dan a la arquitectura local, y aquellas cosas que nos quedamos sin decir para no hacer tan extensivas nuestras palabras, queriendo terminar con la noticia importantísima de que demos dado con la Carta Pobla concedida por el Rey Pedro, el Grande, el 22 de abril de 1279, de la que estamos esperando que se nos haga la transcripción y la posterior traducción para poder editarla.


I res més, autoritats, festers, alteans tots, tinguem la festa en pau i visca el nostre Patró Sant Blai Gloriós.
Barranquí.

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